La amenaza de los posibles cortes del gas natural que llega desde Argentina o la sostenida alza mundial del petróleo complican a Chile. Es más, hoy se espera un aumento de 26 pesos en el diesel y se cree que sucederá algo parecido con el kerosene o la parafina. Según el economista Francisco Montaner “el precio del crudo ha llegado a sus niveles máximos en este mes, US 133 el barril y veo difícil que vuelva a los US 60 el barril de antes, por lo tanto el país debe buscar pronto otras alternativas de energía”. 
La administración de Michelle Bachellet ha insistido en buscar, a través de comisiones en el Congreso y estudios con universidades chilenas, nuevas formas de autoabastecimiento. Se está construyendo una moderna plata de gas licuado en Ventanas, se ha hablado en la prensa de energía eólica en el norte, plantas nucleares y también del uso de biocombustibles. Esta última, la alternativa más limpia y menos agresiva para el ambiente.
No hay mucha novedad en esto. De hecho el etanol tiene un buen desarrollo en países como Brasil y se puede obtener a partir de cultivos como maíz, trigo, remolacha o el raps. Por otra parte, en Israel, Europa e India producen biodiesel de la “jatropha”, un arbusto muy resistente del que se obtiene una especie de aceite, que sirve de combustible. La cartera de Energía y Bienes Nacionales firmaron con la Universidad de Tarapacá un acuerdo para que se hagan estudios experimentales en terrenos del norte del país. Según los expertos, si todo resulta, la meta es que esta innovadora forma de hacer combustibles tenga tal impacto que permita satisfacer cerca el 5% del consumo energético del país.

Según el economista, Francisco Montaner “los biocombustibles no sólo sustituyen al petróleo, sino suponen una alternativa interesante para los productores del sector agrícola y por supuesto una mayor tecnificación de esta área”. Y frente al alza que podría significar el uso de alimentos de primera necesidad como trigo, remolacha o maíz en la fabricación de biocombustibles, Montaner responde “ que es difícil que suceda en Chile, ya que muchos productos los importamos y sus precios se transan en el mercado internacional”.

La administración de Michelle Bachellet ha insistido en buscar, a través de comisiones en el Congreso y estudios con universidades chilenas, nuevas formas de autoabastecimiento. Se está construyendo una moderna plata de gas licuado en Ventanas, se ha hablado en la prensa de energía eólica en el norte, plantas nucleares y también del uso de biocombustibles. Esta última, la alternativa más limpia y menos agresiva para el ambiente.
No hay mucha novedad en esto. De hecho el etanol tiene un buen desarrollo en países como Brasil y se puede obtener a partir de cultivos como maíz, trigo, remolacha o el raps. Por otra parte, en Israel, Europa e India producen biodiesel de la “jatropha”, un arbusto muy resistente del que se obtiene una especie de aceite, que sirve de combustible. La cartera de Energía y Bienes Nacionales firmaron con la Universidad de Tarapacá un acuerdo para que se hagan estudios experimentales en terrenos del norte del país. Según los expertos, si todo resulta, la meta es que esta innovadora forma de hacer combustibles tenga tal impacto que permita satisfacer cerca el 5% del consumo energético del país.

Según el economista, Francisco Montaner “los biocombustibles no sólo sustituyen al petróleo, sino suponen una alternativa interesante para los productores del sector agrícola y por supuesto una mayor tecnificación de esta área”. Y frente al alza que podría significar el uso de alimentos de primera necesidad como trigo, remolacha o maíz en la fabricación de biocombustibles, Montaner responde “ que es difícil que suceda en Chile, ya que muchos productos los importamos y sus precios se transan en el mercado internacional”.
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